Veinte años de "Invitación a la lectura"
 

VEINTE AÑOS DE "INVITACIÓN A LA LECTURA"

"Invitación a la lectura" comenzó siendo una aventura personal e, incluso, particular. Surgió de una necesidad: cómo conseguir que la lectura fuese, precisamente, lectura en el mundo educativo de la secundaria y el bachillerato. Desde el principio, esta quimera particular buscó eludir la parte más mostrenca del academicismo –lectura obligatoria y, por lo general, desmotivadora- mediante un baño de actualidad, la presencia activa del autor en el aula, la reflexión permanente a partir de la obra literaria, el descubrimiento del placer lector, la puesta en común o, entre otros aspectos, el debate e intercambio de opiniones. Con ello, además de leer, se ejercitaban otros aspectos claves de la formación personal del alumno y se atacaba de lleno tabúes o miedos comunes a la época adolescente. Esos fueron sus primeros pasos en los albores de la década de los 80.

Pero esta forma de acceder al hábito lector, azares de la vida, en un par de cursos académicos se convirtió en proyecto educativo con diversas formas de actuación -lectura pura, taller literario, etc.- de la entonces Dirección Provincial del MEC en Zaragoza, ampliando fronteras de la ciudad y provincia Zaragoza con el apoyo de muchos compañeros de enseñanza, escritores e instituciones. Los primeros, compañeros y escritores, de forma activa, casi voluntarista. Y, junto a ellos, la mayoría de las instituciones- Dirección General del Libro del Ministerio de Cultura, Departamento de Educación, etc.- aportando soporte e infraestructuras. A su vez, los "mass media" daban amplia noticia de la presencia de escritores en tierras aragonesas.

Así, lo que comenzó como aventura personal en el aula con dos o tres escritores amigos -Julio Llamazares, Ignacio Martínez de Pisón o Fernando Lalana, por ejemplo- es hoy, 20 años después, un programa didáctico-lector del Gobierno de Aragón -Departamento de Educación, Cultura y Deporte- que conlleva anualmente la participación de setenta escritores recorriendo los más de cien centros educativos donde trabajan la lectura alrededor de trescientos profesores. Así, miles de estudiantes entran en contacto con la literatura, la filosofía, el periodismo, el cine... y sus autores. Pero "Invitación a la lectura" es también la publicación bianual de libros donde se recogen trabajos y experiencias de profesores y alumnos o el fallo anual del premio a la mejor experiencia o trabajo con viaje a una ciudad literaria de España o Europa. Más aún. En la última década, "Invitación a la lectura", al tiempo que cumplía con los fines por los que surgió, fue extendiéndose por la sociedad aragonesa mediante colaboraciones puntuales en ciclos literarios o temáticos. Desde hace años colabora -o colaboró- con las Cortes de Aragón, la Universidad de Zaragoza (Paraninfo), algunos Ayuntamientos, Diputaciones, Comarcas, Asociaciones, Club de lectores, Centros de adultos y un largo elenco de actuaciones culturales más. Por otra parte, es de suponer que la repercusión del proyecto, además de estos aspectos didácticos y sociales, también se deja notar en librerías y editoriales. Sin olvidar, por supuesto, la promoción de productos de la tierra –vino, aceite, turismo, gastronomía, restaurantes, por ejemplo- y el conocimiento de Aragón fuera de sus fronteras que conlleva la presencia de estos autores quienes, en muchas ocasiones, han recordado su paso mediante artículos, columnas periodísticas o cuentos.

Para "invitar a leer", como mínimo, hay que reflexionar sobre interrogantes como los que siguen. En ello estamos quienes formamos "Invitación a la lectura": ¿Qué entendemos por lectura? ¿Por qué leer es tan necesario? ¿La lectura debe convertirse en un hábito para todos? ¿Qué hay que leer? ¿Quién, además de cómo y por qué, escoge unas lecturas y no otras? ¿Por qué siempre recae en la escuela la culpa de la escasez lectora? ¿Dónde queda la labor y la función de la prensa, la televisión, las bibliotecas, la familia y demás estamentos? ¿Qué interesa a los niños y a los adolescentes de una lectura y en una lectura? ¿En qué se basa ese interés? ¿Qué peligros hay detrás del "quién"? ¿Por qué un tercio de la literatura publicada corresponde a la literatura infantil y juvenil? ¿Qué peligros existen -adecuación a la edad, intereses...- detrás del "qué"? ¿Qué peligros -moralismo, dirigismo, presiones...- acechan detrás del "cómo"? ¿Qué es la infancia y qué es la adolescencia? ¿Desde dónde y hasta cuando abarcan una y otra? ¿Qué marca sus diferencias?

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¿Qué es o qué significa la lectura?

Leer no es reconocer palabras y frases. Detrás de ese reconocimiento tiene que habitar la comprensión y, ante todo, propiciar la reflexión y conllevar una interiorización. Vivimos en las palabras. Somos palabras. Con la palabra ordenamos nuestro interior; con la palabra intentamos transmitirlo; en la palabra de los demás nos reflejamos. La palabra es el aire de nuestra vida. Es la clave del valor de la lectura -y la escritura-.

Leer es saber. Leer, un arma para la vida. Leer nos hace libres. Leer es una aventura. Leer es un placer... son algunas de los muchos eslogan -o, incluso, reclamos- que viajan acompañando el acto simple, silencioso y solitario que es leer. La lectura, a pesar de su aparente intranscendencia, a pesar de ser un acto individual, solitario e íntimo y a pesar de las interesadas presiones que recibe desde el consumo en el que hoy se asienta, deviene en elemento trascendente y vital para el hombre. Tanto que, en la actualidad, el índice de lectura se toma como el mejor y más fiable síntoma de la salud cultural de un país.

La pluralidad y diversidad de significaciones –saber, instrumento, libertad, aventura, placer, etc.- muestran, con claridad, la causa trascendente de la lectura para el hombre, quien, como es conocido, creó la cultura y, por consiguiente, el uso y práctica de la misma para satisfacer y paliar sus necesidades al tomar conciencia de que el ser humano no es otra cosa que un sistema de carencias. La lectura, por tanto, además de un instrumento necesario, debe ir más allá y abordar también fines no inmediatos y utilitarios; debe abarcar la esfera del espíritu.

Ante el inmenso repertorio de esloganes y la multitud de reflexiones ofrecidas por escritores, tanto a lo largo de la historia como desde distintas culturas o diferentes perspectivas teóricas, casi no quedan palabras para concretar la definición y la significación de la lectura. Si, como dijo Antonio Muñoz Molina, un escritor es hijo de todos los escritores que le preceden, también puede aplicarse otro tanto a la lectura. No obstante, está claro que leer es ir más allá de las técnicas, de lo lineal, de la diversión, de la enseñanza.

En estado puro, leer es buscar la implicación del lector en el libro. Una implicación que, como mínimo, conlleva el hecho de entregarse, por un lado, con inteligencia -comprensión y reflexión- y, por otro, con sentimientos -encontrar o reconocer emociones, sueños, fantasías, recuerdos...-. De esta forma, un mundo exterior e, incluso, extraño -puesto que es el mundo del creador- pasa a ser propio, pasa a ser del lector. Y ello se consigue cuando el lector vive la lectura desde el mayor número de perspectivas posibles, sean físicas -observar, ver- o psíquicas -emoción, desesperación, deleite, reflexión...- con el fin loable de enriquecerse; es decir, de paliar sus carencias. O lo que es lo mismo, para comprenderse y comprender el mundo que le rodea.

La lectura auténtica se consigue cuando un texto -lectura- se torna vivencia -en el lector- y lo leído se convierte en materia interior y posibilita también la creación del lector -recreación de la lectura-. Un acto que, en estado puro, no exige mediación alguna, exige total libertad. Y ello sólo se consigue cuando en el sujeto hay hábito. El quid está, por tanto, en cómo lograr ese hábito que convierte a alguien en lector y, en consecuencia, en recreador de textos. Una operación que debe hacerse sin forzar la máquina, sin imposiciones, uno de los fines últimos que persigue "Invitación a la lectura".

Por desgracia no son buenos tiempos para la lectura. O no todo lo buenos que deberían ser. El libro, en el mundo deshumanizado, economicista y tecnificado de nuestra época ha perdido el rango de admiración que poseía y, en consecuencia, el prestigio cultural que servía de meta, modelo y valor. Leer hasta no hace mucho era sinónimo de cultura y, junto a ello, contenía también otras valoraciones. Hoy día, por el pragmatismo, es una herramienta que ayuda a vivir, a desenvolverse en el trabajo. Los libros se ven, preferentemente, desde el ángulo de la utilidad, no desde sus otras funciones que ayudan a que seamos más personas, más humanos, más éticos. La resultante de una carencia o ausencia de lectura en la sociedad no es buena, pues, como afirma el sociólogo Enrique Gil Calvo "implica que las poblaciones quedan indefensas para adaptarse a las crisis", pues "para vigilar el entorno, adaptarse al cambio y enfrentarse a la crisis hace falta la lectura".

Junto a la pérdida de prestigio social, el libro en el mundo de los jóvenes acumula otro obstáculo derivado de la enseñanza. Un libro y, en consecuencia, su lectura ya no es "marca positiva" como en los años 70 – persona preocupada, progresista, culta, lectora -, sino signo de "mal rollo". Los jóvenes ven el libro casi desde una perspectiva única: la académica. Y como tal, motivo de examen e imposición frente a otras posibilidades, muy variadas como el placer, el conocimiento personal... El "odio" al libro afecta a la lectura y, sin duda, es causa del abandono lector que se produce en Secundaria. Un odio y un concepto de inutilidad que ha penetrado en la familia que, en general, cercada por el utilitarismo, no reconoce las otras bondades de la lectura.

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"Invitación a la lectura"

"Invitación a la lectura" surge ante la constatación de esta realidad. Y surge en el mismo epicentro donde se produce el problema. Es decir, en la realidad cotidiana de los centros educativos. Ante éste y sus añadidos no sólo urgía pensar formas para paliar el abandono de la lectura, sino meditar la manera de cómo afrontar todos los aspectos derivados de este abandono lector, de gran incidencia en el mismo proceso formativo del alumno -pobreza comprensiva y expresiva, tanto oral como escrita, parca capacidad de contraste y de síntesis, incorrecta aplicación de técnicas, etc.-. Y surge evitando el dirigismo, apostando por obras donde se combine la calidad y el tirón lector, donde la proximidad sea un acicate o una atracción y donde la complejidad técnica no sea vista como exponente de calidad literaria, ni la sencillez panacea para acercarse al hecho lector. Es decir, las obras literarias deben captar a quien las lee, no deben supeditarse a fines ajenos a la lectura misma y, ante todo, deben conllevar una auténtica "reescritura" personal -vivir la lectura al recrearla e interiorizarlo-. Y si, por añadidura, sirven desde el punto de vista pragmático, mejor.

En general, el acto de leer acaba siendo un elemento de primer orden en el ser humano porque, como mínimo, invita a la actuación, provee de conocimientos y enseña a usarlos, produce sensaciones, estimula sentimientos, crea y refuerza actitudes y, además, es uno de los mejores vehículos para participar de la realidad. Pues posibilita la confrontación de uno mismo con el entorno y con quienes lo conforman.

Al afrontar una solución a la problemática de la escasez de lectura, nada mejor que la observación previa de sus elementos -individuo lector, obras, temáticas...- para así ejecutar la reflexión con alguna esperanza de éxito. Eso es, en sus inicios, "Invitación a la lectura", un proceso de observación de los alumnos. De su mundo, cómo se conforma, qué interesa, qué atrae, qué repele... Si queremos conocer lo que hacen y cómo actúan las personas de una determinada situación, tenderemos que observar sus conductas, escuchar sus opiniones. El fin de esta observación aplicada al entorno de la lectura, lógicamente, no será fiscalizar o inspeccionar, sino conocer lo que sucede e interesa a los alumnos, lo que atrae y motiva. La docencia bien entendida debe ir más allá de la simple transmisión de conocimientos -que no es poco-.

Pero ¿observar para qué?, observar para comprender el aula y su entorno y, así, poder incitar. Porque sólo incitando nos acercamos a la persuasión y a la motivación comunicativas -¿acaso no es el "boca a boca" el mejor y más fiel transmisor de la lectura?-. Y, de ahí, abordar una enseñanza y una formación más completas, sin dejar de lado, por supuesto, el placer de la lectura.

En los inicios, "Invitación a la lectura" observó y estudió los gustos y apetencias del alumnado con el fin de dar con obras literarias que respondieran a ello. Obras, a ser posible, con calidad literaria, respaldas por cualquiera de las manifestaciones del "canon". Obras conocidas, leídas y vividas. También en sus inicios se llegó a la conclusión de que era conveniente que éstas perteneciesen a autores vivos. Por la posibilidad de encuentros cara a cara, para establecer diálogos, cuanto más intensos mejor. La obra literaria era el pretexto -la oralidad y la imagen conecta con su mundo, construido sobre la cotidianidad y la imagen televisiva. No hay que olvidar que la televisión ha sustituido, en el hogar, a la oralidad de antaño-

La obra y la profesión del escritor – si éste la tenía - permitían dos vías para incitar al diálogo e invitar a leer. Si la obra respondía o no del todo a los gustos observados, la profesión podía ser punto de interés o arranque para la lectura. En el fondo estaba el cara a cara al que aboca la presencia del escritor en el aula. La clave es iniciar al alumno, captar su interés por la lectura, poco a poco, más allá del valor de la lectura como algo necesario para desenvolverse en la vida.

Ahora, tras 20 cursos, sin abandonar estas premisas, pero año tras año enriquecidas, el proceso de observación y de elección de obra es menos costoso. Hay costumbre en los profesores, hay autores que "dan juego" y dejan huella, existe tradición en cuanto a la presencia de autores, hay esquemas de actuación y múltiples actividades. Los resultados son satisfactorios, si por satisfactorio se entiende que no todos acabarán siendo lectores y asumiendo, además, que no todos tienen que leer al mismo ritmo e, incluso, que algunos no leerán.

La observación en 1º de Secundaria permite acomodar las lecturas del curso siguiente. Y así sucesivamente. La labor del profesorado es la clave. Un profesorado que, salvadas unas líneas básicas -nunca dar gato por liebre; es decir, la invitación a la lectura debe estar presidida por la seriedad, la honestidad y la vivencia-, es siempre libre en su forma de actuar y en la sugerencia de lecturas y autores. Un profesorado que muestra las diversas facetas de la lectura. Tanto su utilidad, tan privativa en la sociedad actual, como su placer. Y ello sólo se consigue viviendo a fondo la lectura escogida y dando baza al lector. ¿Cómo?: acompañando en el descubrimiento de los aspectos encerrados en la lectura; haciendo ver que quien lee, con su acto lector, es quien realiza todas las funciones; ayudando en esa aproximación de la obra al mundo del lector-alumno, mediante el intercambio de ideas, sentimientos, impresiones y reflexiones.

No se debe olvidar esta función del profesor en unos momentos tan críticos, por la pérdida de valoración social, por la falta de esquemas creíbles en la enseñanza, por la escasez de dotación presupuestaria, por la confusión ante la idea de que la escuela sirve para todo. El profesor ha acabado siendo un educador de todo lo imaginable –salud, racismo, tráfico, medio ambiente, sexualidad, etc.- cuando, en realidad es sólo especialista en la materia a la que ha opositado. Por otra parte, cuando la sociedad actual, además de ser una sociedad de derechos -el victimismo que impregna y nos impregna-, sea también una sociedad de deberes -dejar de culpar al vecino, al escalafón siguiente…-, se habrá puesto la primera piedra para una enseñanza sólida.

"Invitación a la lectura" supone para el profesor una elección voluntaria, que añade trabajo, pero que, sin embargo, satisface. Por un lado, rompe con la rutina de la transmisión de conocimientos propios de asignatura, y, por otro, posibilita una permanente experimentación. Para compensar tanta voluntariedad y trabajo al margen, "Invitación a la lectura" posibilita publicaciones y permite la obtención de "créditos" que apoyen su formación profesional.

La aplicación de "Invitación a la lectura" avanza de forma escalonada y progresiva, tanto en lo relativo a la cantidad como a la dificultad. En el inicio, se proponen lecturas fáciles. Es aconsejable que sean mixtas, en clase y en casa; en grupo -comentarios del profesor, cruce de opiniones- y en soledad -lectura individual-. Así se transmiten conocimientos - aplicación práctica - y se atiende al placer individual que debe asentar el hábito lector. Se comienza por primer ciclo de Secundaria con la lectura como deleite y un máximo de dos lecturas anuales a fondo. La actividad lectora nunca debe suponer carga añadida, salvo que sea solicitada.

En esta etapa todavía es positivo y, a veces, grato el hecho de leer. Se debe incidir en aspectos básicos: despertar la capacidad de asombro, identificación con temas y motivos de la obra y, sobre todo, ir un poco más allá de la asunción del argumento, además de la práctica de cómo exponer y discutir con el autor - fallos, anomalías, falta de verosimilitud-. En suma, hacer sentir el protagonismo y, a la vez, hacer ver que son capaces de asumir una obra, hablar en público y usar la argumentación y la réplica.

Es rentable el uso de esquemas de juego acompañando a la lectura. Funcionan los provenientes de la imagen -hacer decorados, pintar personajes atendiendo a las descripciones de la novela…-. Funcionan aspectos activos y personales: convertirse en escritores al cambiar rumbos de la trama, descripciones de ambientes y personajes, finales de capítulos o de la obra, exigiendo justificación – a su nivel - de todo cambio. O, también, esquemas que enlazan con la vida cotidiana: actuar como periodistas al convertir el libro en materia de un periódico - noticia, reportaje, entrevista, reseña...-. Son formas de refuerzo, formativas que, aun aplicadas, inciden también en lectura de periódicos y en sus formas de tratamiento

En 3º y 4º de Secundaria, la edad más crítica para la lectura, se aumenta el número de obras, tres como máximo, y se busca asentar todos los objetivos anteriores y, además, se incide en la comprensión máxima. En 3º conviene ahondar en la sencillez de los textos. Proporciona buen resultado el convertir al alumno en "investigador" a la búsqueda de datos sobre el tema o temas tratados en la obra -enciclopedias, diccionarios, prensa, Internet...-. Su acumulo posibilita la discusión y la profundización, actividades de protagonismo, que proveen de un arsenal de interrogantes con las que "atacar" al autor durante el cara a cara. Al mismo tiempo se apoya la búsqueda de datos, su ordenación, el análisis posterior de éstos, su argumentación o la síntesis.

En el bachillerato, con el mismo número de lecturas, hay que buscar más enjundia y dificultad – consideración de lector adulto - y compaginar el placer y la enseñanza. La documentación, leída la obra, debe ser completa -"dossier" sobre el autor y la obra, conexión con otras materias escolares como filosofía, sicología, historia...- utilizándose también como herramienta de trabajo. Es aconsejable compaginar la novela con algún ensayo, con recopilación de artículos periodísticos, con libros de ciencia divulgativos… La disparidad del alumnado obliga a ello, evitando la pérdida de lectores y compaginando el placer de leer con enfoques útiles.

Lectura comprensiva, placer de leer, creatividad y profundización en la mayor cantidad de direcciones posibles, constituyen los tres pilares de "Invitación a la lectura" que, conectada con el entorno individual y social, favorece el espíritu de convivencia, al tiempo que forma al lector/alumno.

1985-2006: ALGUNOS AUTORES EN "INVITACIÓN A LA LECTURA"

En "Invitación a la lectura" han participado poetas, novelistas, ensayistas, periodistas, cineastas, filósofos, guionistas… españoles y extranjeros, unos respaldados por el prestigio de su trayectoria y premio (Premios Nobel, Premios Príncipe de Asturias, Premios Nacionales, Premios de la Crítica, Premios Planeta, Premios Nadal, etc.) y otros avalados por el interés de sus obras.

Poetas:

Felipe Benítez Reyes, Luis Alberto de Cuenca, Agustín Delgado, Luis García Montero, Ildefonso Manuel Gil, José Hierro, José Antonio Rey del Corral, Ángel González, Emilio Gastón, Chantal Maillard, Toni Mari, Carlos Marzal, César Antonio Molina, Benjamín Prado, Joaquín Sánchez Vallés, Fernando Sanmartín, Ana Rossetti, Rosendo Tello, José Luis Trisán, Manuel Vilas, Manuel Vázquez Montalbán, Luis Antonio de Villena,...

Prosistas:

Rawda Ashur, Carmen Alborch, Josefina Aldecoa, Fco.J. Aguirre, Ana Alcolea, Eduardo Alonso, M. Alonso, Fulgencio Argüelles, Francisco Ayala, Javier Alfaya, Bernardo Atxaga, Enriqueta Antolín, Félix de Azúa, Carlos Bardem, Mario Benedetti, Ricardo Berdié, Carlos Blanco Aguinaga, Juan Bolea, Dris Bousieff Rekab, Afredo Bryce Echenique, José Manuel Caballero Bonald, Ángeles Caso, Carlos Castán, Antón Castro, Javier Cercas, José Mª Conget, José Luis Corral, Juan Cruz, Rosa Chacel, Dulce Chacón, Inma Chacón, Fernando Delgado, Javier Delgado, Paloma Díaz-Mas, Juan Eslava Galán, Lucía Gasca, Antonio Fernández Molina, Jesús Ferrero, Espido Freire, Ángeles de Irisarri, Teresa Garbi, Ignacio García Valiño, Mariano Gistaín, Cristina Grande, Almudena Grandes, Ismael Grasa, Avelino Hernández, Silvestre Hernández, Manuel Hidalgo, Fernando Iawsaki, Alejandro Jodorowsky, José Jiménez Corbatón, Juan Manuel Gisbert, Luis Goytisolo, José María Guelbenzu, Ángela Labordeta, José Antonio Labordeta, Fernando Lalana, Luis Landero, José María Latorre, Magdalena Lasala, Joaquín Leguina, Manuel Longares, Manuel de Lope, Angel López, López Serrano, Julio Llamazares, Juan Madrid, José Ángel Mañas, Toni Mari, Javier Marías, Fernando Marías, Jorge Martínez Reverte, Alfonso Mateo Sagasta, Andreu Martín, Carmen Martín Gaite, Gustavo Martín Garzo, Ignacio Martínez de Pisón, Antonio Martínez-Menchén, Dimás Mas, Luis Mateo Diez, Marina Mayoral, Eduardo Mendicutti, Lorenzo Mediano, Felipe Mellizo, José María Merino, José Antonio Millán, Juan José Millas, Ángel Mendo, Ana María Moix, Jesús Moncada, Rosa Montero, Inma Montsó, Antonio Muñoz Molina, Quim Monzó, Enrique Murillo, Ana María Navales, Pilar Nasarre, Rodolfo Notivol, Clara Obligado, Lourdes Ortiz, Elena Osorio, Severino Pallaruelo, Benjamín Prado, Arturo Pérez Reverte, Álvaro Pombo, Soledad Puértolas, Rosa Regás, Javier Reverte, Jaume Ribera, Carme Riera, Manuel Rivas, José Luis Rodríguez, Félix Romeo, Eladio Romero, Fanny Rubio, Francisco Javier Satué, Robert Saladrigas, José Luis Sampedro, Care Santos, Clara Sánchez, Miguel Sánchez Ostiz, Sánchez Piñol, José Saramago, Fernando Sanmartín, Javier Sebastián, Jorge Semprún, Lorenzo Silva, Javier Sierra, Jordi Sierra i Fabra, Oscar Sipán, Pedro Sorela, Andrés Trapiello, Ferrant Torrent, Gonzalo Torrente Ballester, Félix Teira, Javier Tomeo, Esther Tusquets, Arantxa Urretavizcaya, Luis del Val, Ángela Valvey, Manuel Vázquez Montalbán, Feliz de Vargas, Manuel Vicent, Enrique Vila-Matas, Manuel Vilas, Alfonso Zapater, J. C. Zúñiga...

Autores de teatro:

José Luis Alonso de Santos, John Berger, Fernando Fernán Gómez, Francisco Nieva, Alfonso Plou, José Sanchis Sinisterra, Juan Mayorga, Jerónimo López-Mozo, Paloma Pedrero...

Periodistas (novelistas):

Eliseo Bayo, Luis Carandell, Juan Luis Cebrián, Arcadi Espada, José Luis Martín Prieto, Jorge Martínez Reverte, Miguel Mena, Fernando Delgado, Manuel Hidalgo, Felipe Mellizo, Ignacio Ramonet, Eva Orué, Arturo Pérez Reverte, Juan Carlos Soriano, Alfonso Zapater, Gervasio Sánchez, Javier Reverte, Carmen Sarmiento, Olga Merino, Joaquín Ibarz, Maruja Torres...

Cineastas:

Pedro Olea, José Luis García Sánchez, Gonzalo Suárez, Fernando Méndez Leite, Fernando Trueba, Manuel Gutiérrez Aragón, David Trueba, Iciar Bollain, Ángeles González-Sinde, C. Molinero, José Luis Borau, Felipe Vega...

Cantautores:

José Antonio Labordeta, Gabriel Sopeña, Joaquín Carbonel, Ángel Petisme.

Filósofos y sociólogos:

Fernando Savater, José Luis Rodríguez, José Antonio Marina, Victoria Camps, María de la Válgoma, Enrique Gil Calvo…

Escritores extranjeros:

José Saramago, Günter Grass, Jonh Berger, Michel del Castillo, Cees Nooteboom, Radwa Ashur, Nella Bileski, Roger Grenier, Driss Boussief Rekab, Adelaide Blásques, Lydie Salveyre, E. Abecassis...

Escritores hispanoamericanos:

Jorge Edwards, Alejandro Jodorowsky, Luis Sepúlveda, Alfredo Bryce Echenique, Clara Obligado, Fernando Iawasaki, Elena Osorio...

Editores:

Jorge Herralde, Jaume Vallcorba, Esther Tusquets…

 
Ramón Acín
 
   
 
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