-Oiga, ¿tiene el Aranzadi en edición de bolsillo?
 

 

Versión pdf

Hace más de veinte años era una novatada clásica entre los estudiantes de Derecho pedir por favor a un compañero de primer curso que fuera a la librería –generalmente la librería Pórtico de la plaza San Francisco- a encargar El Aranzadi en edición de bolsillo. Hoy en día esta editorial jurídica realiza el 70% de sus ventas en libro electrónico. Es un ejemplo evidente de que el libro electrónico es no sólo útil sino casi imprescindible y absolutamente necesario en casos como el que acabo de mencionar. Pero probablemente lo sea  también en otros  y de maneras muy diferentes. En este mundo global queremos saberlo todo, verlo todo, tenerlo al alcance de la mano cuanto antes. La posibilidad de una esfera digital para la cultura del libro viene a hacer más accesible y más fácil de almacenar ese legado libresco tan extenso y diverso.

                                                                    *****

      En  la primavera de 2009 menudearon las noticias en prensa relacionadas con el libro electrónico (e-book), motivadas sobre todo por la comercialización de pequeños lectores de libro electrónico. Da la sensación de que estamos en un periodo de pruebas y se van insertando  noticias y productos en torno al libro electrónico, muy probablemente con el fin de elaborar un mapa de opiniones y tendencias de consumo.   El informe elaborado  por Dosdoce y Ediciona a sobre La digitalización del libro en España  tiene exactamente ese valor: Buscar opiniones sobre si desaparecerá el libro en papel o convivirá con el libro electrónico;  sobre cómo transformará el libro digital a la industria editorial y sus precios; ¿Qué será de la distribución?, ¿Cuál será el papel de las librerías? O  ¿Cómo se gestionarán los derechos digitales?

      Estas cuestiones han saltado a los periódicos y ha habido cierto debate  al calor de la Feria del libro de Madrid y en torno al salón Liber. Gemma Nierga entrevistó en su programa de las tardes a Carmen Balcells, que ha comenzado a incorporar a su empresa la gestión de los derechos de reproducción digital de sus representados.  Los periódicos comentaron el éxito de venta de los terminales lectores puestos a la venta: En junio pasado el KindleDX –de Amazon- se agotó en la tienda on line en sólo tres días. Sony en combinación con Google anunció el lector PRS-700 para hacer accesibles los libros libres de Google-Books. A lo largo del verano  El Corte Inglés ha comercializado un lector Inves y ha puesto a la venta algunos libros electrónicos a través de su tienda www.elcorteingles.es. A finales de septiembre habrá llegado a la Fnac, también a la sección de informática, un lector llamado Interco*ler. También se ha anunciado en la prensa que Apple estaba desarrollando su propio lector de libro electrónico para principios de 2010. Sin embargo, los comerciales no virtuales, es decir en la tiendas Apple, sólo tienen noticias, por lo que se refiere a lectores, del aparato lector del DNI. De todas formas las características que se han dado del lector de Apple parecen más interesantes que las de sus predecesores en cuanto que incorporará pantalla táctil y otros hallazgos de su tecnología de iPhone y de iPod Touch. Los lectores que hasta ahora se han comercializado no son excesivamente llamativos.  Permiten sencillamente leer un libro en formato pdf o HTML en una pantalla de 8 pulgadas, en gama de grises.  Como objeto de consumo tecnológico quizá no tiene demasiado gancho y para los que ya leen algunos libros en el ordenador no presenta grandes ventajas. Por un precio menor al de estos lectores, que cuestan 299€, existen ordenadores portátiles del tamaño de un cuaderno con más prestaciones y autonomía energética.

      La disponibilidad de estos aparatos en colores, con diferentes clases de fundas  y con opción de elegir una pantalla que permite leer también con la luz del sol –o sea, en la piscina o la playa etc.- da idea de que la intención, de momento, es la de ofrecer otro producto tecnológico  relacionado con el consumo de ocio.  El lanzamiento de estos aparatos está teniendo efectos sobre el incremento de la oferta de libro digital. No sólo Amazon o Google; en España por lo menos  Bertrand, el Corte Inglés, La Casa del Libro y Fnac ofrecen libro digital.

      La incursión de estas superficies en el libro electrónico es tímida: los precios son caros, no hay muchos títulos y además, en lo que se refiere a literatura, ofrecen libros de consumo mayoritario, o sea el mismo producto que abarrota las mesas de novedades. Stephen King y Dan Brown se han lanzado a la comercialización de sus libros en versión electrónica, en algún caso han servido de propaganda para lanzar alguno de estos aparatos. Una persona  podría preguntarse ingenuamente: ¿para qué quiere un lector prototípico  de Stephen King, que viene a leer según las estadísticas entre uno  y dos libro al año, un terminal electrónico de lectura que puede almacenar cincuenta títulos?

      Quizá sea más fácil e interesante encontrar respuesta si nos planteamos la pregunta desde el punto de vista del autor. Todavía tienen vigencia las consideraciones que Jason Epstein hizo en La industria del libro pasado presente y futuro de la edición, publicado por Anagrama en 2003. Epstein entró en la casa editorial neoyorquina Random House en 1958 y a la altura del año 2000  calificaba el estado del mundo editorial como insostenible.  Este diagnóstico se deducía del análisis de los siguientes factores:  La transformación de las casas editoriales en conglomerados empresariales multimedia; La búsqueda del beneficio a corto plazo en detrimento del capital que suponía el catálogo de la editorial; el acortamiento de la vida de los libros y la demanda de un suministro constante de novedades, a poder ser bestsellers; la transformación de los puntos de venta en cadenas de librerías. Este panorama trazado por Epstein pone de manifiesto que nos hallamos en un momento de superproducción de libro impreso que genera problemas de almacenamiento. Epstein, además de comentar la aparición de las agencias literarias señalaba como uno de los terrenos de transformación de la industria editorial la aparición de “autores marca”: Estos autores sólo necesitan a los editores para labores de rutina: imprimir, pagar la publicidad y llevar los libros a los grandes puntos de venta. Preconizaba la desaparición de los editores “en su actual, insostenible forma” y que estos autores de bestsellers con sus agentes asumirían todos los costes de producción y todos los beneficios. Probablemente el libro digital ha venido a hacer más real esta virtualidad enunciada por el editor americano.

      El gran tema cultural  susceptible de ser abordado de forma política que está ahora mismo encima de la mesa no es si va a desaparecer ese bien tan preciado que son los libros impresos. Tampoco el tema de los derechos de autor y las descargas ilegales es más que uno de esos efectos colaterales del nuevo negocio, un problema técnico. El tema fundamental que plantea este nuevo estadio tecnológico de la cultura es cómo se va a trasvasar la cultura del libro impreso a la nueva tecnología y quién o quiénes van a controlar ese proceso y la posterior distribución del saber. Google parece estar situándose a la cabeza de ese proceso y ya se han alzado voces en Estados Unidos que tratan de evitar el monopolio en este nuevo negocio que puede  tener grandes repercusiones para la superviviencia de las culturas. El pasado 19 de septiembre de 2009 el Departamento de Justicia en Washington se opuso al acuerdo económico entre la multinacional Google y algunas bibliotecas y universidades para digitalizar y comercializar sus fondos. Se da por supuesto que finalmente Google sorteará las trabas legales y su proyecto saldrá adelante. De momento en la Comunidad Europea se ve en Google un aliado en el proceso de digitalización.

      Parece cada vez más evidente que el nuevo estadio tecnológico va a necesitar de nuevas políticas culturales. En un primer paso habrá que abordar el proceso de digitalización y en un segundo momento habrá que ver qué redes de distribución garantizan a cada colectividad (comunidades autónomas, estados, bibliotecas, universidades, editoriales) sus intereses. La determinación de esos intereses va a ser un problema de estrategia política que ya no se puede seguir dejando para mañana: conservación y difusión del patrimonio libresco; difusión de la cultura literaria y científica que se vaya creando.

      En España contamos con la Biblioteca Virtual Cervantes, que ofrece clásicos españoles libres de derechos y permite su lectura en la web. Este proyecto se ha propuesto ya permitir las descargas  para ordenadores, lectores electrónicos e incluso móviles.

      En Aragón la Institución Fernando el Católico está haciendo accesibles sus publicaciones a través de la página web y permite las descargas. Primero fueron las revistas y más recientemente ha empezado a publicar en  su página web las actas de los cursos y congresos que organiza y algunos libros. Carlos Forcadell, actual director de la IFC  y catedrático de Historia Contemporánea está promoviendo una colección digital de publicaciones de difícil acceso y que constituyen una fuente documental para el historiador de la Guerra Civil y del Movimiento Obrero.

      Sea como fuere, la nueva tecnología acabará desplazando en algún modo los núcleos difusores del saber y los núcleos custodios de la cultura. Además de dedicar nuestra  nostalgia y buenos deseos al libro tradicional y su nueva suerte conviene repensar el tejido industrial, mercantil e institucional  del libro y encarar el nuevo contexto que ya está aquí. No es tampoco una cuestión menor tratar de insertar nuestros clásicos y nuestra cultura literaria en el nuevo marco. Antes de que quizá caiga sobre ellos y sobre nuestras maltrechas identidades culturales un letargo similar al que padeció la cultura grecolatina hasta que pudo ser relanzada al mundo civilizado del Humanismo gracias a la tecnología de la imprenta.

 
Mª Ángeles Naval
 
   
 
<< volver
 


Dirección General de Cultura y Patrimonio. Centro del Libro y la Cultura de Aragón .
Edificio Ranillas. Avda. Ranillas 5 D 50071  (ZARAGOZA)
Tel. 976 716 603 – Fax 976 71 48 08
Privacidad - Aviso Legal - centrodellibro@aragon.es