La literatura aragonesa en catalán: una realidad en ebullición
 

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Aquests versos d’un jove Tomás Bosque no són gens premonitoris. A La Codonyera, lo seu poble, avui, en ple segle XXI, los seus xiquets encara no poden aprendre a escriure la seua llengua materna a l’escola. Però per altra banda reflecteixen una incontestable realitat: la d’una llengua mil•lenària i viva (de moment) a les terres de l’orient aragonès, amb clars i il•lustres referents literaris populars i cultes, i amb unes possibilitats literàries que s’han anant convertint en una vigorosa realitat durant les darreres quatre dècades.

“La Codonyera on s’escriu
La clara llengua d’Espriu…”
(Tomás Bosque. Isoglosa poètica. 1978)


      La presencia de una literatura en catalán en las comarcas aragonesas de la franja oriental aragonesa ha sido casi inexistente durante varios siglos.

      Por eso, por el vacío y la soledad de donde arranca, todavía es más sorprendente, insólita y meritoria una realidad como la actual, donde más de  una veintena de escritores, naturales o residentes en estas poblaciones Aragón, están escribiendo o han escrito (desgraciadamente algunos han fallecido no hace mucho tiempo) narrativa, poesía, canción  o teatro en catalán y han visto editados sus obras en ámbitos locales o regionales o en el general de la Letras Catalanas. Junto a ello, una nutrida pléyade de cantautores y grupos de rock compone sus canciones en catalán e incluso consiguen con esfuerzo grabar sus discos. Asimismo, las asociaciones culturales más pujantes de estas comarcas y otras de ámbito local publican regularmente en catalán sus revistas culturales y de información, y en torno a una docena de títulos al año que incluyen estudios, ensayos, recopilación de hablas locales y de literatura popular, y obras de creación.
      Y toda esta efervescente realidad cultural se da en una pequeña porción de territorio (unos 5.000 kilómetros cuadrados) con una población de menos  de 50.000 habitantes, un gran porcentaje de la cual no tiene hábitos de lectura o escritura en dicha lengua, pese a que desde 1984 se imparten clases optativas de Catalán en la mayor parte de las escuelas de su territorio.

 Unos antecedentes ilustres.

      Pese a ello, hay testimonios que demuestran que el Catalán no ha sido siempre una lengua ágrafa en Aragón.
      Desde la Edad Media hasta el siglo XVIII, el uso escrito de esta lengua era tan normal aquí como en el resto de territorios de habla catalana.

      Así, el que fuera párroco de Maella en la segunda mitad del siglo XIV, Gillem Nicolau, escribió en catalán una traducción de las Heroidas de Ovidio y probablemente sea también el autor de una versión de la Crónica de Sant Joan de la Penya.

      Dos siglos mas tarde encontramos que una parte del epistolario de Antonio de Agustín y de Siscar, nacido en Fraga y muerto en 1523, está escrito en catalán.  También San José de Calasanz, hijo de Peralta de la Sal,  emplea esta lengua para escribir sus cartas y diversos ensayos religiosos.

      En el ámbito de la administración local, civil y religiosa, son abundantes los escritos en catalán, buena parte de los cuales  permanecen todavía inéditos. Son documentos dispersos en municipios, parroquias y archivos que datan desde el siglo XIII hasta bien entrado el XVII.

      Hay documentos escritos en esta lengua en los archivos municipales de Fraga y Tamarite de Litera. Algunos de los conservados en los archivos municipales de las poblaciones matarrañesas de Peñarroya, Calaceite, Torre del Compte, etc., fueron editados en diferentes publicaciones por Santiago Vidiella Jassà.

      El historiador Manuel de Montoliu, publicó en 1917, textos de mitad del XIX en el Valle de Benasque escritos en el aragonés oriental y de transición  propios de esta zona, y hacia 1920, José Salarrullana de Dios hizo lo mismo a través de diferentes artículos sobre documentos procedentes de Fraga.

      También hay muchos escritos medievales procedentes de numerosas localidades de la Franja como Fraga, Peña Roya, Benabarre, Roda de Isábena, Camporells, Mequinenza, Calaceite, Torre del Compte, etc. que han sido reseñados o reproducidos total o parcialmente por investigadores como Francisco Tejero y Costa, Juan Antonio Frago, Rosa Fort Cañellas, Desideri Lombarte y Arrufat y Héctor Moret, Josep Poch, Francisco Castillón Cortada, Giorgio della Roca y Joaquim Monclús, Joan Amades y J. Vallés y Pujals y Carlos Laliena Corbera.

      Dentro de  los archivos eclesiásticos se encuentran escritos en catalán del siglo XVII en las parroquias de Albelda, Benabarre, Fraga, Lledó y Peralta de la Sal. El fraile Albert Faci, en el siglo XVII, da testimonio de textos en catalán en las parroquias de Fraga, Aguaviva, Calaceite, Fórnoles y Peña Roya.

      Pero desde finales del siglo XVII hasta el XIX, desaparece el catalán como lengua culta, vehicular u oficial en las instituciones de la Franja.

      "Lla Renaixença" catalana, que durante el siglo XIX da en el  Principado tan buenos frutos, tanto en el terreno literario como en el de la investigación lingüística y antropológica, (Mossén Cinto Verdaguer, Milá y Fontanals, Navarro de Villaler, etc.) no tiene en la Franja ningún seguidor.

      Se podría calificar de una pequeña "Renaixença" retardada la aparición, durante las primeras décadas del siglo XX, de obras de dos autores, uno de la comarca del Matarraña y otro de la Ribagorza, que escriben en catalán sobre las tierras que les vieron nacer, comentando lugares pintorescos y dignos de visitar.  Los dos emplean una lengua normativa oriental, propia de las tierras barcelonesas donde emigraron. Se trata de Matias Pallarés y Gil (Peña Roya, 1874 - Barcelona, 1924), y Pere Pach y Vistuer (Roda de Isábena, 1862 - Barcelona, 1945).

      De esta época y a esta corriente pertenecen también los escritos del abogado y humanista calaceitano Santiago Vidiella Jassá (1860 - 1929)19, hechos desde su tierra natal y en su lengua local.

Progresiva aparición de una literatura contemporánea.

      Después de un total vacío literario de casi cincuenta años, en los años 70 del siglo XX, fruto del desarrollo económico y de la movilidad social del país  surge la necesidad de reivindicar el uso público y culto de la lengua que se hablaba en casa.  En esta década, el mequinenzano Jesús Moncada publica desde Barcelona, su lugar de residencia, sus primeros relatos y comienzan a componer y a cantar sus canciones los tres únicos cantautores que han dado hasta ahora estas tierras: Ángel Villalba (Fabara, 1945), Tomás Bosque (La Codoñera, 1948) y Antón Abad (Zaidín, 1958).
      Los años 80 y los primeros 90 suponen el auténtico Renacimiento literario de la Franja.  En el año 1983 el Ayuntamiento de Fraga publica la novela del profesor Josep Galán, y el de Albelda edita una recopilación de romances de Joaquim Carrera, con grafía castellanizada.  Muy cerca de allí, en Alcampell, J. Antonio Chauvell comienza, a mitad de esta década, a escribir y a publicar, obteniendo, en 1986, el I Premio Guillem Nicolau por su novela L'home de França.

      En Barcelona, un mequinenzano de la generación puente entre la de comienzos de siglo y la actual, Edmon Vallés, publica Dietario de Guerra, Jesús Moncada reedita sus primeros relatos, escribe otros nuevos y gracias al gran éxito de su primera novela se dedica de lleno a la literatura. Otro mequinenzano, Hector Moret (1958) escribe, con un catalán elaborado y culto y una sabia utilización de los localismos de su tierra natal  la mejor poesía de autor hasta ahora escrita en la Franja, y el peñarroyano Desideri Lombarte (1937-1989) comienza a escribir un sinfín de poemas, ensayos y pequeños dramas teatrales. La mayoría de estas obras se han ido publicando después de su muerte ocurrida hace veinte años y todavía quedan por ver la luz textos inéditos.
      Más adelante, a principios de los años 90, y gracias a la iniciativa de Héctor Moret y al apoyo de las asociaciones culturales de la zona, surgen periodistas, como Lluis Rajadell (Valderrobres, 1965) y Mecé Ibarz (Zaidín, 1954), docentes como Carme Alcover (Mazaleón, 1952) o Glòria Francino (Sopeira, 1956) que publican pequeños relatos. Otros como Marià López Lacasa (Mequinenza, 1958), Teresa Jassà (Calaceite, 1928), Aurèlia Lombarte (Monrroyo de Tastavins, 1933) y Carmeta Pallarés (La Ginebrosa, 1947), publican sus poemas. Todos estos trabajos se recogen en la pequeña y excepcional colección Quaderns de la Glera, espejo y plataforma de lanzamiento de futuros escritores. Gracias a este empuje editorial algunos de ellos se han animado a seguir escribiendo y posteriormente publicado sus obras en editoriales catalanas y aragonesas.
      La reaparición, a mediados de los 90, de la colección de literatura en catalán Pa de casa, luego Literaturas de Aragón, y de los premios Guillem Nicolau, ambas iniciativas auspiciadas desde el Gobierno aragonés, permitió la salida a la luz de nuevos autores en catalán con obra editada. Juli Micolau (Alcañiz, 1971), Susanna Barquín (Fraga,1966), José Miguel Gracia (La Codoñera, 1941), o Susanna Antolí (Beceite). 
      Ya a finales de los años 90 y atravesando la barrera del 2000, continúan apareciendo nuevos autores y nuevas obras de literatura en la Franja, que garantizan su futuro.
      Jose San Martín Boncompte, que vive y trabaja en Fraga, publicó dos obras en 1998, una de poesía, premio Guillem Nicolau 1999, y una novela.  También en el 2000 vio la luz la ópera prima del zaidinés Francesc Serés, Els ventres de la terra, finalista del premio Pere Calders de novela corta. Con ella empezó una carrera rutilante que se ha visto jalonada de momento con la culminación de su trilogía De fems i marbres, la colección de relatos La força de la gravetat, con los que ganó el Premi Nacional de Literatura que otorga la Generalitat, y el de la Crítica Serra d’Or; el conjunto de relatos sociológicos y ensayísticos La matèria primera, premio Octavi Pellissa 2006, y la trilogía dramática Caure amunt, Muntaner, Llull, Roig.

      El mismo Moret ha promovido más recientemente dos colecciones más, de formato e intención similares a Quaderns de la Glera.
      Se trata de Els Quaderns de les Cadolles, publicada entre 2002 y 2004, formada por 12 volúmenes de autores como José Miguel Gracia, Josep Anton Carrégalo, Jesús Moncada, David Albesa, Artur Quintana, Lluís Rajadell, Ramon Sistac, Esteve Betrià, Susanna Barquín, Josep Espluga e Isidor Cònsul.
      Actualmente, en 2008 ha iniciado una nueva colección, Quaderns del Cingle, con tres títulos ya publicados, de Josep Espluga, Desideri Lombarte y Francesc Ricart.

      ¿Hay futuro?
      Con este bagaje que no cesa de crecer, el futuro se presenta, pese a las dificultades, prometedor.  Gentes del mundo del rock y el punk como los Draps, de Peñarroya de Tastavins, ya han editado su segundo disco abriendo la lengua a  nuevos formatos y medios de expresión. Azero, formado por jóvenes de La Codoñera incluyeron una canción en catalán, Marihuana, en su disco Guillotina. Por otro lado, modestamente creo que la revista mensual Temps de Franja, con sus casi 10 años de ininterrumpida existencia, está sirviendo de incentivo, cuna y plantel para numerosos escritores ayudando a desarrollar los diferentes géneros periodísticos en catalán, desde el columnismo a la crónica, la entrevista y el reportaje, continuando así con la tradición de otras revistas similares en el pasado.
      Por otra parte, el lenguaje de nuestros escritores en lengua catalana se va depurando y enriqueciendo estilísticamente. Las opciones de una lengua más localista van dando paso a un paraestandard occidental más propio o a un uso oriental culto menos cercano a esas raíces. La temática “rural”, e histórica, ligada a unos orígenes geográficos concretos se va expandiendo hacia motivos más universales y mundos urbanos más contemporáneos. Y el ensayo y la experimentación pugnan por ganar la batalla o los géneros más clásicos. Pero en casi todos ellos subyace una veta nostálgica, sardónica, crítica o somarda  que en cierta manera los une e identifica con esta milenaria tierra de frontera que es la Franja oriental aragonesa.

 
Mario Sasot Escuer
 
   
 
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