El libro aragonés se viste de largo. Ferias del Frankfurt y Guadalajara (México)
 

Artículo aparecido en la revista Letras Aragonesas f. Versión en pdf.

 

A lo largo del pasado año 2007, el Centro del Libro de Aragón (CELIA) marcó uno (o, mejor dicho), dos hitos en su corta pero ya intensa historia, y también en la de la cultura aragonesa. Supo incorporar a nuestra comunidad autónoma a las grandes Ferias del Libro de Frankfurt y de Guadalajara, en Alemania y México, respectivamente. Siendo ambos certámenes, sin lugar a dudas, dos de las convocatorias editoriales y literarias más importantes del mundo. No tenía sentido, en efecto, que un territorio tan rico en historia, patrimonio y cultura como el nuestro, como Aragón, y con una tan brillante tradición literaria (tanto poética, dramática, novelística como ensayística, y que, por fortuna, ha encontrado hoy en día muy dignos sucesores), permaneciese ausente de las principales citas universales. No había ninguna razón para que Aragón no estuviese en aquellas Ferias donde se consagran o descubren autores, se establecen acuerdos, nuevos marcos de edición, difusión y distribución del libro, y donde se apoya con decisión las literaturas nacionales y regionales, con todo lo que ello pueda suponer para dar a conocer en Europa y en América los atractivos geográficos, patrimoniales o turísticos de los lugares de procedencia y origen.

FRANKFURT, EL MERCADO EDITORIAL:

La Feria Internacional de Frankfurt, donde, desde el pasado año, Aragón cuenta con un espacio propio, con un stand especializado en nuestra producción editorial, tanto pública como privada, es, en opinión de los expertos, el mayor y más influyente mercado editorial del planeta.

Allí, en aquella hermosa capital alemana, se negocian anualmente los derechos de miles de obras procedentes de todo el mundo, sus nuevas ediciones, sus traducciones, sus adaptaciones al cine o a la televisión. Todo un pabellón dedicado a la gestión de los derechos de autor mantiene ocupados durante buena parte de la semana en que se prolonga el evento a un número realmente difícil de calcular –pero, en cualquier caso, elevadísimo– de editores, agentes literarios, sub-agentes, asesores y jefes de prensa. En una auténtica babel de lenguas –siendo el inglés el idioma comercial, y el español una herramienta en alza– los contratos y transacciones, como ocurriría en el caso de cualquier otro sector de negocios, acaban por ajustarse a las características y condiciones de cada mercado. Aunque nunca será lo mismo, obviamente, negociar un mismo volumen para el mercado inglés que para el rumano, todo, en este impredecible mundo del libro, suma, pudiendo sonreír el éxito a un autor donde menos lo espere. Tratándose por definición la Feria de Frankfurt de un evento orientado especialmente hacia los intereses de las editoriales, y siendo capaz de reunir, en su decena de enormes pabellones, cientos de sellos procedentes de los cinco continentes, de los lugares más recónditos y exóticos, los autores no son en absoluto ajenos a su celebración.

En cualquiera de las salas habilitadas para los trabajos de la prensa, o en los espacios abiertos, públicos, de libre entrada y salida, donde cualquiera puede detenerse para disfrutar de un rato –el tiempo que desee, sin la menor cortapisa–, resulta más que frecuente tropezarse con algún autor de relieve. Firmando ejemplares, quizá, o respondiendo amablemente, de cara al público congregado ante él en pequeños y cómodos auditorios semicirculares, a las preguntas formuladas por alguno de los periodistas especializados de los varios canales que cubren los principales actos de la Feria.

España, como país participante, así como las sucesivas autonomías españolas que han ido incorporándose a las actividades de la Feria de Frankfurt, disponen de un amplio espacio expositor. Un pabellón donde las principales editoriales afincadas en nuestro territorio suelen invertir en una buena cantidad de metros cuadrados
donde exponer sus novedades y vestir de reclamos publicitarios sus catálogos. No es infrecuente sorprender en esos stands a cualquiera de nuestros escritores de moda, desplazados a Frankfurt en labores de promoción,
o para apoyar determinadas gestiones relativas a una parte o al conjunto de su obra.

En este selecto y, al mismo tiempo, útil contexto, el CELIA ha decidido sumar su presencia convocando a nuestro mundo editorial, a distribuidores y libreros, y colaborando económicamente en los gastos de desplazamiento y estancia para todo aquel profesional aragonés que desee introducirse, operar o establecerse en este prestigioso certamen.

GUADALAJARA, EL MERCADO LITERARIO:

Así, mientras Frankfurt, por derecho propio, y con una ya larga historia ferial tras de sí, ha copado (sin desdeñar otros foros, como Londres o Milán), el mercado editorial, la capital de Jalisco, la mexicana Guadalajara, representa la gran referencia para los autores del ámbito hispanoamericano.

Esa circunstancia viene avalada por la existencia, en la capital jalisqueña, de una Universidad con enorme relevancia, capaz por sí misma, con ayuda de diversos patrocinadores, de organizar este evento, la FIL, o Feria Internacional del Libro.

No es, por tanto, en esta circunstancia, y a diferencia de lo que sucede en otros países, el propio Estado, a través de cualquiera de sus ministerios, ni el gobierno autónomo ni la alcaldía de turno quienes lideran la convocatoria del certamen (aunque colaboren de distintas maneras con el de Guadalajara), sino un ámbito tan educativo y cultural como el universitario quien se encarga de la convocatoria, programación y gestión de la Feria, de la FIL. De este modo, pluralidad cultural y política quedan, desde un origen, garantizadas, así como la propia continuidad del certamen, exenta desde un principio de las veleidades e intereses del poder.

Guadalajara es, por resumirlo en una sola frase, una gran fiesta de los libros. Los autores tienen en sus jornadas un importante protagonismo, pues cada día se programan no menos de una docena de actos de interés cultural, desde presentaciones hasta debates, desde mesas redonda hasta encuentros con los lectores. No es absoluto extraño que un Saramago, un Carlos Fuentes, un Vargas Llosa, un García Márquez o cualquier otra gran figura de las letras universales participe en tales actos, tanto individual como colectivamente; y para nada resulta extraordinario tropezarse a conocidos autores en los diversos stands, o en los actos paralelos (fiestas editoriales, comidas o cenas conmemorativas) que jalonan la Feria.

La presencia de escritores consagrados no se limita, empero, al ámbito hispano, siendo igualmente habitual la participación de estrellas extranjeras, procedentes del mercado británico, francófono, centroeuropeo o africano. Todo ello, en su conjunto, para sumar ciclos de programaciones difícilmente superables en calidad y número.

Allá, en la FIL de Guadalajara, casi todo es un éxito. El público, el cálido y generoso público mexicano, suele mostrarse sobremanera afectivo con los creadores, arropándoles en sus comparecencias y firmas. Asimismo, los medios de comunicación realizan un gran despliegue para cubrir las principales actividades, difundiéndolas al resto de países de habla hispana.

La presencia de editoriales y escritores españoles es ya clásica. Los principales sellos de nuestro país cuentan en América Latina con delegaciones que a menudo trabajan de una manera casi independiente de la casa matriz, buscando la complicidad de los autores autóctonos y defendiendo sus propias propuestas. Sus editores, expertos en los mercados latinos, están abiertos a trabajar igualmente con autores españoles, a quienes, a través de esta vía, se les abre un nuevo camino exportador, nuevas fronteras. Pues no hay que olvidar, bajo ningún concepto, que la entrada natural al mercado norteamericano arranca, precisamente, desde Guadalajara, y que desde la propia Feria se remiten, a petición de los destinatarios, miles, decenas de miles de ejemplares, escritos en castellano, a librerías y bibliotecas de las principales ciudades de Estados Unidos:  Boston, Nueva York, Miami, Los Ángeles...

De hecho, los primeros días de la Feria se dedican a negociar tales envíos, siendo habitual la presencia de agentes, libreros y asesores norteamericanos, dispuestos a satisfacer en sus respectivos Estados la creciente  demanda de lectura en español.

 Dado el imparable avance de las poblaciones latinas en el seno de los Estados Unidos, no es arriesgado pronosticar que esta tendencia irá en aumento y que relativamente pronto, tal vez antes de que haya transcurrido una década, numerosos autores que se expresan y escriben en español habrán entrado con fuerza al mercado anglosajón a través de las puertas que México les brinda.

Con los autores españoles, viene siendo también una constante la presencia de las autonomías españolas. Aquellas con más tradición tras de sí en el mundo de la edición inauguraron hace algunos años sus stands, que han funcionado sin interrupción, con notables resultados. Y en algunos, con sobresalientes balances. Sería el caso de Andalucía, por ejemplo, a la que le tocó disfrutar en el pasado año 2006 de un destacado protagonismo. Elegida “país” invitado (las autonomías españolas, dada su diversidad y su potencialidad económica, su maquinaria cultural, acceden a ese rango protocolario) con el presidente Manuel Chaves y una amplia delegación de autores al frente, exhibió su atractiva personalidad y sus rotundas señas de identidad artística, histórica e intelectual. El año de Andalucía se saldó con un notable resultado, lo que permite anticipar que muy pronto, en los próximos años, otras autonomías heredarán su testigo para divulgar a su vez, desde tan privilegiado foro, sus tesoros y atractivos literarios.

No sólo a los autores o a las instancias representativas del mundo institucional interesa esta Feria, única y carismática, de Guadalajara. También para los editores supone una enorme oportunidad de negocio. En especial, para aquellos que desean ampliar sus mercados, tanto en el universo de la creación literaria como en los sectores del libro técnico o científico, cuyo volumen económico, como bien saben los entendidos, no resulta, teniendo en cuenta que desde Guadalajara se abastecen innumerables Universidades, centros de enseñanza superior o Institutos especializados en cualquiera de las disciplinas del saber, desde la arqueología hasta la sociología o a las modernas aplicaciones de la informática y de la Red, nada desdeñable.

OTRAS FERIAS , OTROS MERCADOS:

Entre los proyectos inmediatos del CELIA figuran en lugar destacado la consolidación de la presencia aragonesa en Frankfurt y en Guadalajara, como ya está consolidada su presencia en LIBER (España), así como la apertura de nuevos mercados para nuestras letras, tanto desde el punto de vista cultural, o autoral, como editorial y empresarial. Colombia (Feria del Libro de Bogotá), Argentina (Feria del Libro de Buenos Aires) o Cuba (Feria del Libro de La Habana) podrían erigirse en futuros destinos para la difusión de la cultura aragonesa. Un proyecto, el de la expansión de nuestras letras, largamente demorado, pero que ahora, gracias a la visión del Centro del Libro de Aragón, a sus recursos y equipos, y al apoyo de las instituciones culturales y de las asociaciones de autores (Asociación Aragonesa de Escritores), editores, libreros y distribuidores, toma la forma de un presente ambicioso y necesario.

 
Juan Bolea
 
   
 
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